Notas
22/01/2010
Por Mariela Caruso para nota al pie
No es lo mismo
 
 
No es lo mismo un problema que una solución. No es lo mismo la bronca que la euforia. No es lo mismo una protesta que una fiesta. No es lo mismo un paro que el Dakar.

                                                                                                                                                                

La posibilidad de circular libremente por la ciudad en días hábiles es un hecho abordado con diferentes criterios por dos de los diarios de mayor venta nacional. El análisis de la información varía según se trate de cortes producidos por una competencia automovilística o por un reclamo ciudadano.

Si se rastrean las noticias publicadas en ambos medios durante el masivo paro de subtes ocurrido a fines de octubre de 2009, se encuentran similitudes respecto a los datos aportados, el tratamiento de la información y el vocabulario utilizado.

Principalmente, no explican qué significa que una organización consiga la personería jurídica ni por qué es tan vital para los que la reclaman, teniendo en cuenta que para obtenerla paralizan una ciudad entera. En este sentido, es llamativo que la falta de investigación respecto a los verdaderos orígenes de semejante reclamo, lo cubran remarcando constantemente la frecuencia de este tipo de protestas y el volumen de gente perjudicada, acompañado por diferentes testimonios que cuentan cómo los afecta la medida.

Por otro lado, los términos utilizados son negativos: caos, ilegalidad, bronca, odisea, rehenes. Y se los utiliza para describir la situación como descontrolada: filas interminables, transporte público colapsado, congestión del transito, calor agobiante, quejas de los usuarios, incidentes.

Finalmente, relatan situaciones que no tienen que ver específicamente con este paro y que sirven para aumentar aun más la sensación de malestar, dado que los embotellamientos en todas aquellas zonas que no están directamente relacionadas con las rutas de los subtes (General Paz y autopistas, por ejemplo) son frecuentemente problemáticas, más allá de este reclamo puntual.

Por su parte, la cobertura del Dakar abunda en detalles de la competencia: quiénes compiten, qué vehículos utilizan, la nacionalidad de los equipos, las normas del rally, las rutas de la prueba, los festejos, entre otro sin fin de datos. Aunque disminuye significativamente la información sobre los cortes de calle o los problemas de tránsito. Mientras que Clarín no menciona este tipo de información, La Nación lo hace muy laxamente: no brinda testimonios sobre las personas perjudicadas por los cortes en Palermo y en la Avenida 9 de julio, habla de demoras (y no de caos) provocados por una fiesta popular y avisa, sin demasiado énfasis, la localización de los cortes en horarios pico.

Es decir que si bien en ambos casos se trata de un mismo tipo de problemática (las limitaciones para transitar dentro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en días hábiles), los modos en los que Clarín y La Nación editan la información difiere cuando hablan de lo que ellos consideran una fiesta popular o un atropello sin sentido a la libre circulación de los ciudadanos. La pregunta que entonces queda en el aire, es porqué no se critican las consecuencias de los cortes en el tránsito en ambos casos por igual.

Pareciera que el reclamo ciudadano en pos de la mejora de la calidad de vida es completamente reprochable desde la óptica de ambos medios, ya que enfocan este tipo de conflicto como si se tratara únicamente de un problema gremial que no debiera afectar al resto de la población. Lo que es cuestionable, es la falta de profundidad que tienen los análisis respecto a la precarización laboral que aqueja a los argentinos y que fue producida, en parte, por la desaparición de los sindicatos como mediadores entre los trabajadores y los intereses de sus empleadores.

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